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viernes, 7 de marzo de 2014

Gozar de ser mujer, contra todo pronóstico

Crecí sólo entre mujeres. Nacimos cuatro niñas y fuimos criadas por nuestra mamá, con ayuda de una amorosa Nana que aún es parte de la familia. La mayoría del tiempo estuve en colegio de mujeres; incluso me gradué de uno que diría que es feminista. Hace seis años que vivo sola con mis dos hijas mujeres y estoy rodeada por muchas amigas. Hasta la música que escucho es de mujeres.
Sin embargo, no aprendí a amar ser mujer. No a un nivel profundo. Aún si nadie que me conozca de toda la vida diría que es así, sino todo lo contrario.
He sido una rebelde toda mi vida; mas no siempre tuve la fortaleza ni la congruencia como para ser fiel a mis ideas. Sobre todo con mis parejas. Podían no gustarme muchas cosas, pero al final, el miedo inconsciente a ser rechazada, a no ser amada o a ser abandonaba triunfaba, muy a pesar de mí misma…
Aunque aparentemente toda la vida he sido una aguerrida defensora de la mujer y del Ser Mujer, no sabía apreciar ni amar mi ser mujer.

domingo, 23 de febrero de 2014

Miedo: Un verdadero diamante en bruto

El miedo. Tan escurridizo y misterioso que se inventa mil y un nombres para no ser descubierto.  Celos, envidia, enojo, tristeza, timidez, culpa, vergüenza, comparación, insuficiencia, crítica… O incluso conceptos aceptados socialmente, como “por respeto”, “sé modesto”,  “pasa desapercibido”, “hay que obedecer”…  todo, al final, puro miedo.

A veces aparece en forma de “verdades universales”, paradigmas, creencias generalizadas – de tu familia, de tu grupo o de tu género – que hasta se sienten cómodas. Nos sirven de excusa para no tener que pasar por todo lo que implica desafiar a todos los defienden esos conceptos a capa y espada. Son como viejos amigos que nos acompañan en el día a día.  Se vuelven parte de nuestra personalidad, de nuestro carácter o en nuestra personalidad en sí: el tímido, la víctima, el enfermito, la pobrecita, el “recha”… ¡En fin!

En el miedo ni siquiera importa si estás solo o acompañado. En familia por ejemplo, a la mayoría se nos enseña – tácitamente – a ocultarlo. Es un tema que no se habla abiertamente. Todos saben en algún nivel que existen… incluso se comparte. “Todo va a estar bien”, se nos dice del diente al labio; pero se lo que se vive es miedo y ausencia de fe. No hay congruencia.

domingo, 16 de febrero de 2014

El alto precio de la congruencia

Aprender a ser congruente, a usar mi intuición, es algo que me ha tomado mucho esfuerzo, mucho trabajo personal y mucha consciencia. Me ha costado también muchas amistades, negocios, “aparentes oportunidades”, severas críticas, alejamientos, etc. Y ha requerido de mi parte una enorme valentía, persistencia, determinación y fe. He tenido que aprender a abrazar la incertidumbre.

En mis conferencias me encanta comparar el cuerpo humano con un termómetro o “indicador” de nuestra intuición. Porque así lo veo yo. Nuestras sensaciones físicas, así como nuestras emociones, son indicadores, tan claros como los números decimales de un termómetro electrónico. Sólo hay que poner atención, aprender a usarlo… igual que con uno de esos sofisticados aparatos electrónicos.

Llevo más o menos siete años de haber iniciado este camino de “despertar espiritual”. Y, poco a poco, uso mejor mi intuición. A veces me sorprendo alegremente reconociendo de inmediato una sensación física desagradable que me dice: “Esto no es para ti. Apártate.” Ni lo cuestiono y me aparto. Otras veces me descubro sintiendo un cuantioso placer y armonía en todo mi cuerpo al observar un atardecer, un lindo jardín, los ojos de mi perrito cuando lo acaricio, un grupo de personas riendo o al sentir la sensación de los brazos de mis hijas a mi alrededor cuando nos apapachamos viendo una película, o al escuchar un profundo silencio o una melodía hermosa… 

sábado, 17 de agosto de 2013

La gente que se fue de mi vida

E
n los últimos años personas importantes para mí se han ido de mi vida. Se han ido porque las cosas no han sido como “esperábamos”, porque han querido irse, porque yo les he pedido que se fueran o porque ha habido una confrontación y a partir de ella han decidido irse. 
Cada una de esas personas que se ha ido ha provocado en mi un “movimiento telúrico”, un temblor. Algunos fueron fuertes, me movieron muchíiiisimo… y provocaron en mí numerosas cosas… profundos temores, dolores, tristeza… Otros, apenas los sentí. Con unos incluso fue peor el ruido que me provocó no saber por qué se iban que la partida en si… Me pregunté muchas veces qué es lo que estaba haciendo mal. La mente, el ego… siempre queriendo tener la respuesta correcta, controlar lo que pasa, “manejar” las situaciones como “debiera” ser.

martes, 21 de mayo de 2013

En el mar tormentoso de la confusión...



H
ay días en que estoy de lo más tranquila y, repentinamente - como si apareciera de la nada - algo me toma por sorpresa y me deja como suspendida en el aire… No me da tiempo ni siquiera de reaccionar.

Y, cuando finalmente me doy cuenta de que se suponía que reaccionara o respondiera a esto que sucede o me sucede, me quedo en blanco…

No me gusta esta sensación. Me parece incómodo no saber qué pensar, qué sentir, qué hacer. Y, creo que aún más incómodo me resulta no saber qué pasó, de dónde vino esto que me llega y que no sé qué hacer con ello…


jueves, 16 de mayo de 2013

¿Por qué Sentir para Sanar?



H
ace muchos años estaba, sin ser consciente de ello, atravesando una fuerte depresión. La misma, como pasa muchas veces en la vida, era más evidente para otros que para mí misma, que me encontraba como en el ojo de un huracán, totalmente aislada de mí alrededor y sin poder contactar ninguna luz que ofreciera sacarme de ahí.

Alguien muy importante para mí se acercó y me preguntó por qué no buscaba la ayuda de un profesional. Con la ignorancia sobre el tema y la falta de consciencia propia que me caracterizaba en ésa época, le respondí que no quería tocar de nuevo todas aquellas memorias que quedaron en mi niñez y que eran tan dolorosas para mí. Ya las había dejado atrás, en el pasado y que quería que se quedaran ahí. Poco sabía yo en ese entonces que, sin sanar mi pasado, no sería capaz de vivir realmente en el presente y darme cuenta de todo lo bueno que había en ése momento de mi vida.