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domingo, 10 de mayo de 2015

No estoy dispuesta a ceder mi pedazo de pastel

Estos días me choca muchísimo ver algunas de las publicaciones en los medios sociales y masivos con ocasión del día de la madre. Me da escalofríos leer algunos de estos mensajes y me da aún más escalofríos leer los comentarios de la gente al respecto.

Típico: “Madre… esa mujer que lleva el dolor y las preocupaciones por dentro, pero lo calla y sonríe para no preocupar a los demás”; “esa mujer que se entrega a su labor sin importar lo que pase con ella”, “esa mujer que siempre está contenta, siempre es paciente y siempre abnegada; que aunque esté enferma, no haya dormido, tenga que trabajar, igual se entrega a las necesidades de los demás” o como ése video HORRIBLE que anda circulando, en donde al final el hijo le dice a la madre: “gracias por comprarme ropa buena para mi primer trabajo y por sacarme de las deudas cuando estoy hasta el carajo…”

domingo, 16 de febrero de 2014

El alto precio de la congruencia

Aprender a ser congruente, a usar mi intuición, es algo que me ha tomado mucho esfuerzo, mucho trabajo personal y mucha consciencia. Me ha costado también muchas amistades, negocios, “aparentes oportunidades”, severas críticas, alejamientos, etc. Y ha requerido de mi parte una enorme valentía, persistencia, determinación y fe. He tenido que aprender a abrazar la incertidumbre.

En mis conferencias me encanta comparar el cuerpo humano con un termómetro o “indicador” de nuestra intuición. Porque así lo veo yo. Nuestras sensaciones físicas, así como nuestras emociones, son indicadores, tan claros como los números decimales de un termómetro electrónico. Sólo hay que poner atención, aprender a usarlo… igual que con uno de esos sofisticados aparatos electrónicos.

Llevo más o menos siete años de haber iniciado este camino de “despertar espiritual”. Y, poco a poco, uso mejor mi intuición. A veces me sorprendo alegremente reconociendo de inmediato una sensación física desagradable que me dice: “Esto no es para ti. Apártate.” Ni lo cuestiono y me aparto. Otras veces me descubro sintiendo un cuantioso placer y armonía en todo mi cuerpo al observar un atardecer, un lindo jardín, los ojos de mi perrito cuando lo acaricio, un grupo de personas riendo o al sentir la sensación de los brazos de mis hijas a mi alrededor cuando nos apapachamos viendo una película, o al escuchar un profundo silencio o una melodía hermosa…