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domingo, 16 de febrero de 2014

El alto precio de la congruencia

Aprender a ser congruente, a usar mi intuición, es algo que me ha tomado mucho esfuerzo, mucho trabajo personal y mucha consciencia. Me ha costado también muchas amistades, negocios, “aparentes oportunidades”, severas críticas, alejamientos, etc. Y ha requerido de mi parte una enorme valentía, persistencia, determinación y fe. He tenido que aprender a abrazar la incertidumbre.

En mis conferencias me encanta comparar el cuerpo humano con un termómetro o “indicador” de nuestra intuición. Porque así lo veo yo. Nuestras sensaciones físicas, así como nuestras emociones, son indicadores, tan claros como los números decimales de un termómetro electrónico. Sólo hay que poner atención, aprender a usarlo… igual que con uno de esos sofisticados aparatos electrónicos.

Llevo más o menos siete años de haber iniciado este camino de “despertar espiritual”. Y, poco a poco, uso mejor mi intuición. A veces me sorprendo alegremente reconociendo de inmediato una sensación física desagradable que me dice: “Esto no es para ti. Apártate.” Ni lo cuestiono y me aparto. Otras veces me descubro sintiendo un cuantioso placer y armonía en todo mi cuerpo al observar un atardecer, un lindo jardín, los ojos de mi perrito cuando lo acaricio, un grupo de personas riendo o al sentir la sensación de los brazos de mis hijas a mi alrededor cuando nos apapachamos viendo una película, o al escuchar un profundo silencio o una melodía hermosa… 

jueves, 16 de mayo de 2013

¿Por qué Sentir para Sanar?



H
ace muchos años estaba, sin ser consciente de ello, atravesando una fuerte depresión. La misma, como pasa muchas veces en la vida, era más evidente para otros que para mí misma, que me encontraba como en el ojo de un huracán, totalmente aislada de mí alrededor y sin poder contactar ninguna luz que ofreciera sacarme de ahí.

Alguien muy importante para mí se acercó y me preguntó por qué no buscaba la ayuda de un profesional. Con la ignorancia sobre el tema y la falta de consciencia propia que me caracterizaba en ésa época, le respondí que no quería tocar de nuevo todas aquellas memorias que quedaron en mi niñez y que eran tan dolorosas para mí. Ya las había dejado atrás, en el pasado y que quería que se quedaran ahí. Poco sabía yo en ese entonces que, sin sanar mi pasado, no sería capaz de vivir realmente en el presente y darme cuenta de todo lo bueno que había en ése momento de mi vida.