Aprender
a ser congruente, a usar mi intuición, es algo que me ha tomado mucho esfuerzo,
mucho trabajo personal y mucha consciencia. Me ha costado también muchas amistades,
negocios, “aparentes oportunidades”, severas críticas, alejamientos, etc. Y ha
requerido de mi parte una enorme valentía, persistencia, determinación y fe. He
tenido que aprender a abrazar la incertidumbre.
En mis conferencias
me encanta comparar el cuerpo humano con un termómetro o “indicador” de nuestra
intuición. Porque así lo veo yo. Nuestras sensaciones físicas, así como
nuestras emociones, son indicadores, tan claros como los números decimales de un
termómetro electrónico. Sólo hay que poner atención, aprender a usarlo… igual
que con uno de esos sofisticados aparatos electrónicos.
Llevo más
o menos siete años de haber iniciado este camino de “despertar espiritual”. Y,
poco a poco, uso mejor mi intuición. A veces me sorprendo alegremente
reconociendo de inmediato una sensación física desagradable que me dice: “Esto
no es para ti. Apártate.” Ni lo cuestiono y me aparto. Otras veces me descubro
sintiendo un cuantioso placer y armonía en todo mi cuerpo al observar un
atardecer, un lindo jardín, los ojos de mi perrito cuando lo acaricio, un grupo
de personas riendo o al sentir la sensación de los brazos de mis hijas a mi
alrededor cuando nos apapachamos viendo una película, o al escuchar un profundo
silencio o una melodía hermosa…
