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domingo, 23 de febrero de 2014

Miedo: Un verdadero diamante en bruto

El miedo. Tan escurridizo y misterioso que se inventa mil y un nombres para no ser descubierto.  Celos, envidia, enojo, tristeza, timidez, culpa, vergüenza, comparación, insuficiencia, crítica… O incluso conceptos aceptados socialmente, como “por respeto”, “sé modesto”,  “pasa desapercibido”, “hay que obedecer”…  todo, al final, puro miedo.

A veces aparece en forma de “verdades universales”, paradigmas, creencias generalizadas – de tu familia, de tu grupo o de tu género – que hasta se sienten cómodas. Nos sirven de excusa para no tener que pasar por todo lo que implica desafiar a todos los defienden esos conceptos a capa y espada. Son como viejos amigos que nos acompañan en el día a día.  Se vuelven parte de nuestra personalidad, de nuestro carácter o en nuestra personalidad en sí: el tímido, la víctima, el enfermito, la pobrecita, el “recha”… ¡En fin!

En el miedo ni siquiera importa si estás solo o acompañado. En familia por ejemplo, a la mayoría se nos enseña – tácitamente – a ocultarlo. Es un tema que no se habla abiertamente. Todos saben en algún nivel que existen… incluso se comparte. “Todo va a estar bien”, se nos dice del diente al labio; pero se lo que se vive es miedo y ausencia de fe. No hay congruencia.

jueves, 9 de enero de 2014

Aprendiendo a ser yo, a ser "egoísta"

Fui criada para complacer las expectativas de los demás, para “encajar”. La única persona que trató de enseñarme algo diferente fue mi mamá, pero no fue congruente, no tenía los recursos emocionales para serlo. No me era fácil. Peleaba conmigo misma porque lo que yo “era de verdad”, lo que yo pensaba, lo que yo sentía, lo que yo quería hacer no tenía nada que ver con lo que se suponía que fuera, pensara, sintiera, hiciera… soy una rebelde por naturaleza.

Pasé muchos momentos dolorosos, mucha tristeza, mucha rabia... Me sentía sofocada, atrapada. Y terminé comprando el punto de vista de que yo simplemente estaba mal, tenía un problema serio, un problema de fondo…

No sabía que el sufrimiento no es real, sino una elección, así que sufrí mucho. Dejé que mi mente fuera mi ama y le diera rienda suelta a los pensamientos de víctima; todos ellos hicieron que la experiencia pareciera muy real. Sólo era víctima de mis elecciones y de mi falta de fe.