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domingo, 23 de febrero de 2014

Miedo: Un verdadero diamante en bruto

El miedo. Tan escurridizo y misterioso que se inventa mil y un nombres para no ser descubierto.  Celos, envidia, enojo, tristeza, timidez, culpa, vergüenza, comparación, insuficiencia, crítica… O incluso conceptos aceptados socialmente, como “por respeto”, “sé modesto”,  “pasa desapercibido”, “hay que obedecer”…  todo, al final, puro miedo.

A veces aparece en forma de “verdades universales”, paradigmas, creencias generalizadas – de tu familia, de tu grupo o de tu género – que hasta se sienten cómodas. Nos sirven de excusa para no tener que pasar por todo lo que implica desafiar a todos los defienden esos conceptos a capa y espada. Son como viejos amigos que nos acompañan en el día a día.  Se vuelven parte de nuestra personalidad, de nuestro carácter o en nuestra personalidad en sí: el tímido, la víctima, el enfermito, la pobrecita, el “recha”… ¡En fin!

En el miedo ni siquiera importa si estás solo o acompañado. En familia por ejemplo, a la mayoría se nos enseña – tácitamente – a ocultarlo. Es un tema que no se habla abiertamente. Todos saben en algún nivel que existen… incluso se comparte. “Todo va a estar bien”, se nos dice del diente al labio; pero se lo que se vive es miedo y ausencia de fe. No hay congruencia.