Fui criada para complacer
las expectativas de los demás, para “encajar”. La única persona que trató de
enseñarme algo diferente fue mi mamá, pero no fue congruente, no tenía los
recursos emocionales para serlo. No me era fácil. Peleaba conmigo misma porque
lo que yo “era de verdad”, lo que yo pensaba, lo que yo sentía, lo que yo
quería hacer no tenía nada que ver con lo que se suponía que fuera, pensara,
sintiera, hiciera… soy una rebelde por naturaleza.
Pasé muchos momentos
dolorosos, mucha tristeza, mucha rabia... Me sentía sofocada, atrapada. Y
terminé comprando el punto de vista de que yo simplemente estaba mal, tenía un
problema serio, un problema de fondo…
No sabía que el
sufrimiento no es real, sino una elección, así que sufrí mucho. Dejé que mi
mente fuera mi ama y le diera rienda suelta a los pensamientos de víctima;
todos ellos hicieron que la experiencia pareciera muy real. Sólo era víctima de
mis elecciones y de mi falta de fe.
