El nombre que estaba dispuesto para mí al nacer,
era Sofía. En honor a mi mamá. Pero justo antes de que mi papá saliera para el
registro civil a inscribirme, mi abuela materna le recordó que él siempre había
querido nombrar a una hija Solange. No porque supiera su significado, ni nada
por el estilo. Porque desde que lo escuchó, quedó fascinado.
En alguno de mis artículos de este blog mencioné
el año pasado que había descubierto el significado de mi nombre: “Consagrada
solemnemente.” Pero no busqué nada más.
No sé por qué nunca antes me había interesado en
saber su significado. En realidad, ahora que lo pienso, es curioso, pues
siempre me ha atraído como la astrología, la numerología, nuestro sexo, los
nahuales mayas y ahora los neurotransmisores, marcan nuestra personalidad. Hace
muchos años que sé que el nombre también. Y, no sólo eso sino que, viviendo en
Guatemala, en donde quizás habremos menos de cinco personas de nombre Solange,
la mayoría de gente, lo primero que me pregunta es “¿Y qué significa tu nombre?”.
A lo que siempre respondí, “no sé.”
Cuando descubrí el año pasado que significaba
Consagrada Solemnemente, me encantó… mis papás, sin saberlo, marcaron mi
destino. Sí, mi vida está consagrada solemnemente a Dios. No en el sentido
tradicional de la palabra – o lo que concebimos como una persona consagrada a
Dios. Y menos solemne. De solemne no tengo ni un pelo.