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espués de ser la “paciente” más cumplida de
mi ginecólogo y no dejar de hacerme ningún control durante toda mi vida, por
razones que no vienen al asunto, dejé de ir a controles por cinco años. Este
año volví después de esa larga ausencia.
Al entrar, habiéndome ya yo juzgado y
sintiéndome culpable por “semejante irresponsabilidad” y avergonzada por haber
“traicionado” a mi ginecólogo con mi larga ausencia, me desviví en
explicaciones sobre la misma, mostrando análisis que me había hecho otro médico
y mil cosas más. Mi ginecólogo no pudo hacer más que revisarlos y decirme que
todo estaba bien. Estaba muy contento de verme de nuevo y yo de verlo a él.
Inmediatamente volví a sentirme tan en paz y tan contenida como siempre me
sentí en su consultorio. La relación que uno tiene – o que yo tengo más bien –
con él es muy especial; después de todo no son los dientes o los pies lo que me
revisa y, no solo eso, sino que, además, fue co-partícipe de dos de las más
lindas aventuras que he tenido en mi vida: el nacimiento de mis dos hijas.