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ejercicio no ha sido parte de mi vida. Nunca lo fue, salvo por algunas escasas ventanas
en el tiempo en donde hice aeróbicos, nadé o caminé. Para mí, ‘esto’ es lo
‘normal’. No he estado rodeada de personas aficionadas al deporte ni viví en un
hogar en donde cualquier cosa que se pareciera a la actividad física fuese
parte de la cotidianeidad.
Me
acostumbré a una vida sedentaria – que no por llamarla sedentaria quiero decir
que ha sido una vida carente de actividad. De hecho, no hay un momento en el
día en que sienta el impulso de salir a correr o a jugar tennis ni nada por el
estilo… aunque no puedo decir que no disfruto de caminar o nadar. Ir a un gimnasio
menos… pues mi percepción de los gimnasios, hasta ahora, había sido de ‘una
desagradable y obligatoria necesidad’ - similar a una cámara de torturas!
