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domingo, 16 de junio de 2013

Un poco de paciencia por favor…

D
e alguna manera – o de muchas, más bien – hemos aprendido que siempre podemos ser mejores o que siempre las cosas que hacemos hubiesen podido hacerse de mejor forma. Y, claro que hay mucho de verdad acá… 

No obstante,  aunque es cierto que somos “perfectibles”, cuando “evaluar” nuestras acciones, reacciones, emociones y relaciones constantemente con la visión de un despiadado auditor de control de calidad se convierte en una práctica que no termina… Sin ninguna compasión hacia nosotros mismos, sin paciencia, sin tolerancia, sin amor… nos provoca una sensación permanente de cruel desazón.

miércoles, 29 de mayo de 2013

A crearme otra historia…


U
na de las cosas más hermosas que he aprendido es a ser amorosa conmigo misma. Comencé a aprenderlo el día que dejé de concebir la compasión como un sinónimo de lástima y comencé a entenderla como un acompañamiento en el amor. Fue una noción realmente liberadora. Fue algo que realmente me acarició con ternura el corazón… una brecha se abría ante mis ojos…Esta era la posibilidad de no estar ni del lado del verdugo que me castigaba constantemente ni del lado de esa patética figura que sentía lástima de mi misma…

En ese momento no había experimentado todavía lo que se siente cometer errores y, aún así, elegir mantener la paz. Aún perseguía inconscientemente la ilusa idea de la perfección absoluta. Y, cuando repetidamente me daba cuenta de que cometía errores – más aún cuando eran tropezones con los cuales ya me había encontrado en el pasado – me entristecía, me frustraba y me castigaba. No sólo eso sino que entraba en tremebundo dilema tratando de empatar de la mejor manera posible lo que mi mente me decía que debería ser  y lo que, obviamente, era como era. Nunca conseguí empatar estos escenarios.